…que no me siento tranquilamente a escribir, ahora lo hago, estoy en la cama con el mac. No sé qué hora es, sólo sé que es tarde –muy tarde dirían algunos-, pero en el último mes llevo una vida anárquica, sin horarios ni responsabilidades que me guíen. Sólo lo que yo me auto-impongo. Tengo ganas de escribir algo nuevamente. No tengo muchas ideas en la cabeza, o quizá, tenga tantas que no sé por dónde empezar.
Respiro profundamente, estoy algo ansiosa. Pongo algo de música de fondo, un mix de new age con zen, bajita para no despertar a nadie. Me preparo un té de rooibos con chocolate y menta, es un té sin teína de Sudáfrica, nunca antes lo he tomado, me lo regalaron el otro día, así que a ver como me sienta…
No estoy en el mejor de mis momentos y me asusta que mi estado de ánimo termine por impregnar mis palabras.
Problemas? Los justos… uno de ellos: el no ser tan idiota como creo que soy… si realmente lo fuese, ciertas cosas no me lastimarían porque simplemente no perdería mi tiempo pensando en ellas. A veces –en demasiadas ocasiones últimamente-, me sorprendo a mi misma analizando mi vida y la forma en que voy jugando la partida de la vida, mi vida. Y suelo ser bastante dura conmigo misma. Muchas horas libres que matar y alguna conversación inocente por el camino, hacen que te pares a pensar, y pensar es malo. Sí, lo es. No tratéis de convencerme de lo contrario. Es causa perdida ya. Día a día me digo mentalmente: no pienses, la vida será más sencilla; pero es misión imposible, al menos para mi.
Sé que mirar atrás y arrepentirme de lo que he hecho –o no he llegado a hacer (lo menos) estos dos últimos años-, no sirve de nada. Soy consciente de ello –no voy a mentirme a mi misma- y que dado el caso volvería a actuar de la misma manera, volvería a hacer lo mismo. Por qué? La simple excusa de siempre: es que yo soy así y nada ni nadie podrá remediarlo. O sí?!...
No todo es arrepentirse, cierto es también que he disfrutado de momentos únicos, que no necesariamente irrepetibles, porque confío en sentirme ahí arriba de nuevo, más pronto que tarde, no pierdo la esperanza, porque si pierdo la esperanza estoy perdida…
Entonces, para qué arrepentirme? Siendo sincera conmigo misma, no me arrepiento de cosas importantes pero cierto es que debería haberme comportado de manera diferente, haber hecho ciertas cosas de otra manera, y quizá un par de ellas no haberlas hecho, aunque mi conciencia está tranquila, todo lo hecho está hecho sin maldad y, sobre todo, respetándome a mi misma y a mis valores –algo ciertamente importante en la sociedad en la que vivimos, carente ésta de valores fundamentales como el respeto, la sinceridad y el saber estar-. La vida es sencilla, la complicamos nosotros, y lo coherente es mirar para adelante, aceptar lo que se hace y las decisiones que se toman, y dejarse de tonterías.
Es eso posible? Una cosa es decirlo y otra muy diferente que esa parte de ti que se empeña en pensar por si misma –y que a la vez te juzga duramente-, esté de acuerdo en ello. Y cuando se está de bajón y esa parte de ti toma las riendas de la situación, las cosas por dentro se tornan complicadas.
Quizá debería retomar las sesiones de yoga, me ayudaban a mantener los pensamientos en su sitio y a estar en equilibrio mente-cuerpo, pero otro gasto más… aunque a la larga...
Buenas noches… o más bien, buenos días, el sol se asoma ya a lo lejos. Un nuevo día que matar…
Diablillo